Salvador Freixedo

Siempre le he pedido a mi ángel guardián
no tener hambre, frío ni dolor,
él lo cumple, porque es mi servidor
y se porta como un buen edecán.

Aunque él es un espíritu superior,
se aviene a servir a un perillán,
y ayuda con constancia y con afán
a este envejecido Salvador.

Hace tiempo me tiene demostrado
que a mis necesidades presta oído,
pues en las mil cosas que le he pedido

nunca en ninguna de ellas me ha fallado.
Si quieres estar muy bien protegido
procura tenerlo siempre a tu lado.

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