Salvador Freixedo

El que perdona cuando aún su alma gime,
y cuando está inundado de aflicción,
sangrando la llaga en el corazón,
de todos sus pecados se redime.

Perdonar es una virtud sublime
con la que se domina la pasión,
y se le deja paso a la razón
aunque la llaga aún nos lastime.

Perdonar no es solo no recordar,
o mandar la ofensas al olvido
como si nada hubiese sucedido.

Es mucho más que eso, pues perdonar,
cuando el corazón está muy herido,
es una honda manera de amar.

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